
Defiéndeme de las mentiras, de la ignorancia y el olvido,
defiéndeme con las manos, tu cuerpo y sin piedras,
defiéndeme del que está, del que viene y del que promete regresar,
defiéndeme del miedo, la soledad y la tristeza,
defiéndeme de esa que está en el espejo.
Defiéndeme de lo que no fuimos y lo que tampoco seremos,
defiéndeme de las palabras y los silencios,
defiéndeme de las lágrimas que prometen convertirse a mares,
defiéndeme de las noches vacías y los sueños sin dueño,
defiéndeme de esa que se mira en el espejo.
Defiéndeme que no soy reina ni princesa,
defiéndeme porque no sé pedirlo,
defiéndeme porque hace mucho nadie lo hace,
defiéndeme, ahora que he perdido,
defiéndeme de esa que ha roto el espejo.
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