03 agosto 2011

** 2 de agosto no se olvida

Desde el momento que decidí no olvidar, cada año en la misma fecha, lo recuerdo: Este 2011 cumplo 8 años de vivir en Aguascalientes.

En este plazo, hemos vivido en 4 casas, la primera en el municipio de Jesús María, en la calle de Oyameles (2003); las otras tres en el municipio de Aguascalientes, la segunda en la calle San Gabriel (2004), la tercera Cobre (2007) y ahora vivo en Álamo... Dos árboles, un santo y un metal. De cada una de ellas conservo imágenes y recuerdos, de los agradables y de los nada agradables. En todas he tenido conflictos con las puertas... se traban, hacen ruido o cambian sus complicaciones según la época del año. Tengo esta fijación con las puertas, porque mientras viví en casa de mis padres, jamás tuve problemas con ninguna, la mayoría fueron hechas por familiares y creo que algunas incluso las hizo mi padre, así que esta singularidad de las de acá me tiene “traumada”.


A pesar de la lejanía con mi familia y amigos, ha sido sólo en el último año que he resentido esta soledad. Durante los primeros años, no faltábamos en nuestras visitas al DF en fin de año y pocas veces a las de verano. Mi mejor amiga me ha visitado una vez, dos veces otra amiga aunque la segunda podría no contarse pues, realmente no nos pudimos ver por complicaciones de puertas, entradas y horarios. Mis padres han venido por lo menos unas tres veces cada uno, mi madre es quien más me ha visitado. Mi hermana vino hace un par de años y ya.

Mi hija llegó con 2 meses de edad y aquí nació mi hijo, así que en términos prácticos, los dos son hidrocálidos o aguascalentenses (sí, ya se valen las dos).


Foto tomada el día en que salimos de México

Me complico tanto la existencia, que apenas en este último año he logrado hacerme de amistades, pero eso sí, disfruto del aprecio sincero de los chicos repartidores de agua, de las señoras del Yakult, el cartero, el señor del gas que también es chilango y a quien conozco desde que vivíamos en San Gabriel. Siempre he mantenido relaciones amistosas con mis vecinos, quizá no sepa mucho de su vida, pero jamás me han negado el saludo y tampoco he creado ningún conflicto con ellos.

No hay arrepentimiento de vivir alejada de mi gente, sólo el deseo de que esa distancia no fuera de tal, magnitud y que la situación económica fuera más acorde para tener visitas en ambos sentidos.

No extraño la ciudad donde crecí, extraño la casa de mi madre, extraño la comida de mi madre y las cosas que me gustaba comer como los helados de yogurt (acá acabo de encontrar unos similares), los helados en general que aún no hallo un lugar que me satisfagan; los tacos, que seguro el plomo y heces fecales en el aire les deben dar un sabor especial porque acá los hacen “muy sanos” (sin tanta grasa animal ni para freír y la carne es de lo que debe ser no de perro, caballo o rata). Si en el DF era difícil volver a encontrar un lugar para comer pizza de pollo, acá ni he intentado buscarla. Debo encontrar un lugar para comer churros rellenos porque a mis hijos ahora les da el antojo después de que probaron los de Coyoacán. ¡Vaya! Que ni hot-dogs, hot cakes, NADA sabe igual, incluso aunque yo lo prepare.

En fin, hoy se arremolinaron tantas cosas, recuerdos, ideas, sueños, deseos y la noche todavía no acaba... las esperanzas, tampoco.

2 comentarios:

Vincent dijo...

¡Feliz aniversario! 8 años, ¡wow! Aunque sólo lo conozco de pasada me parece un lugar muy hermoso para vivir. Disfrútalo mucho con tus hijos, para ellos seguro también es algo especial y son años que no olvidarán.

¡Saludos! Un abrazo.

Isela dijo...

Vincent: Hoy desperté pensando en esos 8 años... Tienes razón "¡wow!" La percepción de mis hijos, es curiosa, para ellos los viajes al DF, son las vacaciones, es la familia que vive lejos.