La felicidad es un estado que no aparece espontáneamente sino que hay que trabajar creativamente para lograrla. Implica una armonía entre lo que se piensa, se dice y se hace. Vale decir un acercamiento a una coherencia intelectual y afectiva. Exige como condición indispensable la relación con el prójimo dado que es en el vínculo donde vamos a poder gestarla.
Está ligada:
a) Al logro de un yo auténtico y creativo
b) A la libertad de decidir y elegir
c) A la posibilidad de renunciar que como sabemos está íntimamente asociada a la libertad de elegir.
d) A la verdad: aquella que incomoda pero de un modo sano y que nos permite profundizar en nuestra intimidad.
e) Al placer en sus distintas manifestaciones. Permiso a descubrir y disfrutar.
f) A compartir dado que debemos subrayar que una de las premisas para acercarse a ese estado de felicidad es la relación con el semejante lo que implica su reconocimiento.
g) A la imaginación, paradigmática de nuestra condición de sujetos que se asocia a la empresa de descubrir y transformar.
h) La razón que aliada a la imaginación y al entusiasmo es uno de nuestros pilares y que nos permite ejercer nuestro juicio y sentido de realidad.
i) Disolver la codicia y la voracidad que nos aíslan y nos consumen.
j) Desterrar un enemigo fundamental por su carácter agresivo y disolutorio: la envidia. Esta última aliada al rencor y al resentimiento impide la solidaridad y el acompañamiento, factores que conducen a la construcción de un espíritu comunitario y en último término al concepto de felicidad social.
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Cuando vivía en casa de mis padres y la energía eléctrica fallaba, lo cual ocurría con bastante frecuencia. A veces, lo resentíamos por las comodidades, pero ahora que lo analizo, también disfrutábamos las velas...
En días sin luz... velas.
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