Las
mujeres, esas incomprendidas. Las que sonreímos y lloramos en la misma línea,
la de la verdad o la mentira, las que damos como vemos y vemos todo lo que
damos a veces, para darnos cuenta que no damos lo suficiente o que damos de
más. Somos las que estamos en las buenas y las que por las buenas mejor nos
vamos. Las que nos metemos donde no nos llaman y cuando nos llaman, nos damos “el
taco” o mejor el “taco de ojo”, depende el cristal con que la quieras mirar.
Estamos contigo y parece que mucho sin ti. Somos las luchonas para que los
demás tengan o para quitarte lo más quieras. Hablamos de rencores como
presentes, de sueños por futuro y a veces, nos detenemos en el presente, en ese
instante en el que besamos y hacemos el amor. Las de las hormonas descarriadas
que algunas someten dicen, a voluntad para que el hombre huya de ellas por “exitosas”
o porque ganan más. Somos mujeres porque la naturaleza o la mente humana, nos
hizo así. No entiendo para qué quieren entendernos si a veces, ni con terapias
ni siglos hemos logrado hacerlo nosotras mismas. No nos amen, si no quieren, de
cualquier modo, como mujer, en la mayoría de los casos, una quiere un hombre… a
veces llega a amarlo y de cualquier modo, se sigue preguntando: “¿Por qué los
hombres son así?”.

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