domingo 18 de diciembre de 2011

** El tren del quizá

Cuando abrí la puerta ya tenía congelados los dedos, tuve que frotar mis manos para guardar las llaves en el bolso del abrigo, frotarlas de nuevo para colocarme la capucha y apenas sentir confort cuando me hice al andar.


¿En qué momento de locura se me ocurrió salir? El meteorológico dijo "Norte" y hacia allá fui... un par de cuadras más y comenzó a dolerme la nariz.  Las luces de los autos que pasaban también afectaban mis ojos, seguía intentando no congelarme, por eso corrí al atravesar las calles, los dedos de los pies también me dolían ya... ¿qué necesidad me hizo salir de casa? 


Al llegar a la estación de trenes, pude sentir algo de calor entre las personas que iban y venían, las que veían atentas al pizarrón y las que aún aguardaban sentadas su salida o quizá como yo, esperaban, sólo esperaban...


Estoy en el mismo andén que la última vez, aguardando con preguntas envueltas en las ansiedades de siempre y me digo que esta vez, será diferente, esta vez te esperaré como si no estuviera esperándote, te miraré sin mirarte y hasta no ver que has bajado todo tu equipaje, no me pondré de pie... esta vez, no me quedaré parada viendo cómo te vas.

Cuéntame tu historia y la mía te contaré... busquémonos unas horas entre miradas, roces y voces. Hagamos la historia poco a poco, saboréandola a sorbos, despacito, quizá el tiempo pase lento frente a nosotros y nos deje contemplarnos un poco más. No quiero pasar otro invierno sin ti, no quiero tus prisas ni tus ausencias, aún menos tus silencios.



El equipaje lo dejé en casa, quiero que tomemos un café y lo platiquemos, dejé muchas cosas que quiero mostrarte, estoy segura que habrá más que podamos compartir, no hay prisas ¿o si?, sólo creo que podemos esperar el próximo tren.


La estación se queda vacía de gente y estruendos, intento mirar a lo lejos pero ya está tan oscuro que las luces se pierden en el horizonte. 


No llegaste.


¿Mañana?... Quizá.